El proceso inflamatorio
La inflamación es el mecanismo de protección del cuerpo ante cualquier daño (un agente externo, una herida, un golpe o incluso una reacción autoinmune), mediante el cual intenta retirar el estímulo perjudicial e iniciar la curación (1-3). Está determinado por la respuesta inflamatoria microvascular (exudación, migración de leucocitos a la zona alterada) (4) y por una gran cantidad de factores.
Para dimensionar su importancia, basta saber que la inflamación es un proceso concomitante con la mayoría de las enfermedades del cuerpo (5).
En la respuesta inflamatoria inicial, después de una breve vasoconstricción de las arteriolas inicia la vasodilatación (6), hay movimiento de plasma y células del sistema inmune innato de la sangre a los tejidos (7) y la respuesta inmune contribuye de forma significativa a destruir los patógenos y a activar los eventos de reparación subsecuentes (8).
Secuencia y control
Los eventos celulares y vasculares del proceso inflamatorio son desencadenados por mediadores moleculares inflamatorios, como quimioquinas, citocinas, vasoactivos, eicosanoides y productos proteolíticos (9), los cuales activan receptores celulares que, por su parte, fosforilan moléculas como la proteína cinasa activada por mitógenos (MAPK) y factores celulares, entre ellos el factor nuclear kappa-B (NF-κB), responsable de iniciar la transcripción de diversos genes proinflamatorios (10).
Esta activación coordinada de señalizadores moleculares regula el grado de mediadores inflamatorios en las células del tejido residente y recluta células inflamatorias de la sangre (11 y 12), que son el mecanismo final de protección que remueve el estímulo e inicia el proceso de curación hasta la restauración de la homeostasis (13).
Las especies reactivas de oxígeno (ROS), subproductos normales del metabolismo celular, son segundos mensajeros que participan también en la modulación del proceso inflamatorio a través de la regulación de factores de transcripción, como el NF-κB del que hablamos antes.

Posibles complicaciones
Cuando esta compleja red de vías de detección, señalización y activación de los procesos inflamatorios se descontrola, la inflamación puede volverse crónica y desembocar en diversos padecimientos, como artritis, hipertensión, desórdenes autoinmunes, aterosclerosis, psoriasis, asma, diabetes, tumores, cáncer, enfermedades neurodegenerativas, esclerosis múltiple o lateral, fibrosis, etc. (14-16).
Es decir, un proceso inflamatorio normal, que ayuda a recuperar la salud y la calidad de vida de quien ha sido objeto de alguna agresión externa o alguna complicación interna, en caso de salirse de control puede convertirse en lo contrario y contribuir a prolongar el padecimiento o a que se presenten nuevos síntomas y, por lo tanto, a la pérdida de la calidad de vida.
La ozonoterapia, terapia eficaz contra la inflamación crónica
Ante la amenaza de la inflamación crónica y sus complicaciones, es necesario contar con una terapia capaz de interrumpir la cronicidad de la inflamación sin importar su vía de inicio, que de preferencia no genere efectos adversos descontrolados e indeseables y que ayude de manera efectiva a recuperar la homeostasis del organismo y la salud y la calidad de vida del paciente.
Uno de los principales beneficios de la ozonoterapia es su capacidad de controlar procesos inflamatorios, la cual ha sido ampliamente documentada desde hace décadas y ha continuado investigándose en trabajos recientes y en estudios en curso, debido a que reúne, tal vez como ninguna otra terapia, las características ideales para evitar o controlar la inflamación sin importar su origen, incluso cuando se vuelve crónica (17-21).
La capacidad antiinflamatoria del ozono médico ha sido comparada con la de otros tratamientos, pero sobre todo se le ha utilizado como apoyo a la terapia convencional adecuada para cada padecimiento. En este último caso, normalmente potencia el efecto del uso exclusivo del medicamento principal.
El efecto benéfico que se observa cuando es terapia de apoyo probablemente se deba a que, al controlar la inflamación sin producir algún efecto secundario, permite que el tratamiento que se administre para el padecimiento principal tenga una mejor respuesta del organismo, que ya no se enfrenta también a los inconvenientes de la inflamación crónica, y de esta forma se alcanza un mejor efecto en el corto plazo.
Esta capacidad también ha sido demostrada para las distintas presentaciones del ozono médico utilizadas por la ozonoterapia: gas, aceite ozonizado líquido o gelificado y solución salina o agua ozonizadas. Esto ha permitido adecuar la forma de aplicación de la ozonoterapia a cada padecimiento y al sitio especifico en el que se presenta: no es lo mismo tratar la inflamación de una encía que la de una hernia lumbar o un órgano, como el hígado o el páncreas.

En las siguientes entregas analizaremos los mecanismos de acción involucrados en el efecto antiinflamatorio de la ozonoterapia y su utilización para el tratamiento de diversos padecimientos y patologías, con frecuencia como terapia de apoyo para el tratamiento de elección.
Referencias
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