Aspectos básicos
Uno de los beneficios médicos de la ozonoterapia más aprovechados y que ha ayudado a más pacientes es su efecto antioxidante, el cuál ha sido ampliamente estudiado y es cada vez más conocido desde todas las perspectivas, tanto su aplicación clínica como los mecanismos de acción involucrados.
Sin embargo, el efecto antioxidante del ozono médico descansa sobre una aparente paradoja: el ozono es uno de las moléculas más oxidantes que existen, sólo superado por el flúor y el persulfato. ¿Cómo es posible, entonces, no sólo que sea el fundamento de un tratamiento confiable y seguro para muchas enfermedades, sino que, además, tenga un importante efecto antioxidante? (1 y 2)
Para entenderlo debemos repasar tres aspectos fundamentales de la ozonoterapia: la dosis y los conceptos mensajeros del ozono y pulso oxidativo.

¿Qué hay que no sea veneno? Todas las cosas son veneno y nada (es) sin veneno. Únicamente la dosis determina que una cosa no es un veneno.
Dosis
Este concepto del siglo XVI atribuido a Paracelso (3 y 4), médico y alquimista suizo considerado en ocasiones padre de la toxicología, resalta que cuando cualquier sustancia, aún la más benéfica, es consumida más allá de cierto límite, pierde sus cualidades y se convierte en perjudicial.
En el otro extremo, si la cantidad administrada es demasiado pequeña, no hay efecto alguno y la sustancia pasa desapercibida. Actualmente la combinación de estos dos puntos es conocida con el nombre de hormesis: sólo una ventana de dosis es beneficiosa, por debajo de ella no hay efecto terapéutico y por arriba su efecto es perjudicial para la salud (5 y 6).
El ozono médico en estado gaseoso, que es su forma más frecuente en la naturaleza, es dañino para los seres vivos, principalmente para el aparato respiratorio, debido a que es un fuerte oxidante y a que, a diferencia del resto del cuerpo, la mucosa respiratoria no cuenta con un sistema antioxidante efectivo, por lo que al respirar el gas estamos expuestos y con pocas defensas a su alta reactividad.
Sin embargo, aplicado en las dosis adecuadas, las cuales son siempre muy bajas, y por las vías probadas, tiene un efecto terapéutico muy importante: estimula los mecanismos antioxidantes del cuerpo y le permite al organismo manejar y controlar el estrés oxidativo (7-10).
Las ventanas de dosis adecuadas para cada vía de aplicación de la ozonoterapia (gas con bolsa, autohemoterapia mayor y menor, insuflación rectal, inyección intraarticular e intervertebral, aplicación tópica y administración oral de aceite ozonizado, etc.) han sido minuciosamente estudiadas a lo largo de décadas de investigación y cada vez son más precisas y están mejor fundamentadas.
La importancia de la dosis como principio básico de la ozonoterapia parece estar avalada por nuestro propio organismo, en donde se ha comprobado que el ozono médico se forma como parte de algunas vías metabólicas normales, siempre en concentraciones mínimas que permiten que ejerza su beneficio sin acarrear efectos colaterales indeseados (11).

Pulso oxidativo
En ozonoterapia lo más importante es que la célula reciba la señal de que hay un estrés oxidativo en ciernes y, de manera que tome las medidas pertinentes para controlarlo, las cuales consisten en activar y estimular las vías antioxidantes con las que cuenta.
Esa señal llega a la célula en la forma de un pulso oxidativo: cuando la membrana celular percibe una fuerte capacidad de oxidación, a través de reacciones de oxidación-reducción la transmite al citoplasma, en donde se desencadena la activación del sistema de respuesta antioxidante para contrarrestar el ambiente altamente oxidante (12-14).

dosis ozono insuficiente
dosis ozono óptima
dosis ozono excesivo
Esta señal de oxidación, es decir, el pulso oxidativo de la ozonoterapia sólo es posible cuando las dosis de ozono médico son las adecuadas, pues debe ser suficiente para activar el sistema antioxidante, pero no demasiado para que los componentes de ese mismo sistema no sean capaces de controlarlo.
Mensajeros del ozono
El ozono médico y su alta capacidad oxidante son el origen del pulso oxidativo que, bajo las dosis adecuadas establecidas por la ozonoterapia para cada vía de aplicación, desencadenan la respuesta antioxidante necesaria para alcanzar el efecto terapéutico deseado.
No es el ozono médico directamente, sin embargo, el que activa la respuesta antioxidante en el organismo, sino los llamados mensajeros del ozono (2, 15-17), que llegan hasta donde esta molécula no puede hacerlo debido a su alta reactividad. ¿Qué sucede entonces? ¿Cómo llega el pulso oxidativo a donde se necesita?
Cuando el ozono médico entra en contacto con los fluidos del cuerpo, ya sea aplicado en sangre o en otro tejido, reacciona de inmediato con las moléculas disueltas, preferentemente con los dobles enlaces de los ácidos grasos y con agua, y forma subproductos más estables, las especies reactivas de oxígeno y los productos de oxidación lipídica (ROS y POL respectivamente, por sus siglas en inglés) principalmente peróxido de hidrógeno (H2O2) y 4-hidroxinonenal (4-HNE) (2, 18).
Una proporción importante del peróxido de hidrógeno es neutralizado en pocos segundos por las defensas antioxidantes del cuerpo, de manera que es sólo una muy pequeña proporción la que permanece activa por más tiempo, mientras que el 4-HNE, una molécula tóxica en sí misma, permanece más tiempo intacta, pero viaja por el torrente sanguíneo y se diluye rápidamente, de manera que en los hechos tiene una concentración por debajo del umbral de toxicidad y, en cambio, alcanza tejidos más alejados en donde ejerce su acción terapéutica plenamente (2).
Estas dos moléculas, las principales portadoras del pulso oxidativo generado por el ozono médico, llegan a las células de interés, entran en contacto con sus membranas y desencadenan la respuesta antioxidante requerida para obtener el efecto terapéutico de la ozonoterapia.
La existencia de los mensajeros del ozono es lo que explica la capacidad de los aceites ozonizados para ejercer los mismos efectos terapéuticos que el ozono médico, pues el ozono médico, al entrar en contacto con los ácidos grasos insaturados de los aceites vegetales, provoca reacciones similares a las de los fluidos corporales, lo que da por resultado la formación de LOPs, que bajo condiciones adecuadas permanecen estables en el aceite hasta su aplicación tópica o administración oral.
Conclusiones
Estos tres conceptos nos permiten entender el efecto antioxidante de la ozonoterapia, y son también componentes fundamentales del marco teórico necesario para entender la forma en que el ozono médico y sus derivados ejercen su acción terapéutica mediante otros efectos benéficos en el organismo.
Referencias
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